Empezamos
siendo dos maestros: Javier y José
Carlos. Alquilamos un piso viejo en la céntrica calle Fuero número 11.
Comenzamos a dar clases cuando aún no disponíamos de todo el mobiliario de
las aulas. Tan solo contábamos con cuatro o cinco niños. Sergio, Carmen,
Rodrigo, Álvaro,... Un caso era de dificultades en la escritura, otro en
la lectura, otro en los estudios y, el último, un retraso en el habla. A
estos alumnos muy poco a poco se sumaron otros. Ello permitió que nuestra
experiencia creciese. Desempeñábamos con muchísima ilusión nuestro trabajo
y absorbíamos cada palabra y cada pensamiento, cada emoción y cada gesto
que surgían en el aula.
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Los
padres
de
los alumnos hicieron en cierto modo de "maestros" nuestros, ya que
ellos nos hacían preguntas y a la vez nos iban dando cierta
información que la carrera no pudo aportarnos. Sus dudas las hicimos
también nuestras y quisimos resolverlas. Investigamos, estudiamos,
probamos con nuestros alumnos y reflexionamos sobre los resultados
que íbamos obteniendo. Y llegó un momento en el que nos sentimos
preparados para trabajar en la formación de padres. Lo realizábamos
tanto en la academia de manera personalizada como con grupos en la
provincia de León y en algún colegio de la ciudad. |
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Esta formación implicaba para nosotros un
trabajo
importante
en las habilidades comunicativas.
Eso ayudó en nuestra labor como
formadores. Nuestra seguridad creció y surgieron nuevos cursos:
Habilidades Sociales; Formación para Voluntarios; Ayuda para la 3ª edad;
Cursos de Valores, Formación para Maestros... Aún así, la academia vivió
económicamente momentos difíciles. Y nosotros con ella.
El
boca
-
oído
fue (y sigue siendo) nuestra mejor
publicidad, además de la aparición en algún medio de comunicación. El
número de alumnos crecía y el de cursos también, aunque más lentamente de
lo deseado. Hoy día pensamos que fue la “lentitud" necesaria para poder
aposentar todo lo que aprendíamos.
Hemos
adquirido un estilo pedagógico especial, una forma de hacer nuestro
trabajo que pretende establecer primero una buena relación con el alumno
para después obtener su mejor rendimiento. Desde hace un tiempo nos gusta
definir nuestra labor reeducativa como
DOCENCIA
TERAPÉUTICA. Un término que aún poco frecuente y que hemos cogido de Jorge Bucay, un
escritor y terapeuta y del que nos gusta cómo realiza su trabajo.
Actualmente
damos cursos de formación por
numerosas localidades de la provincia de León. En la academia impartimos
clases a una treintena de alumnos a los que se les trata de forma
individualizada. Colaboramos con centros de enseñanza en la puesta en
marcha de proyectos de convivencia escolar, de prevención de drogas, de
aulas de familias,... así como con otros organismos y asociaciones
impartiendo cursos para padres, maestros, niños, jóvenes y personas
mayores. Realmente, ¡toda una experiencia!